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lunes, 12 de marzo de 2007

Extracción de la piedra de la locura

Hay una frase neerlandesa que dice: “Tiene una piedra en la cabeza”, algo así como nuestro “Tiene pájaros en la cabeza”, supongo. Aunque ellos se refieren a los que no se comportan como se “deberian comportar” .
¿Quiénes son los que dictan como uno debe o no debe comportarse? Los que tienen el poder para dejar aclarados estos puntos.
La historia es que, quien no se comporta de manera aceptable, según esos criterios, no debe estar con los demás, está loco, “tiene una piedra en la cabeza” y debe ser aislado, retirado de la sociedad, no estar con los demás “los sanos”. Todo esto basándose en que la locura fuera una enfermedad y no un problema socialsocial. El “loco” es visto como un enfermo al que hay que reprimir y separar del resto porque se lo ve como una amenaza al orden social establecido.

Ahora bien, tomando las palabras de Jean Dubuffet: “Si la psicosis consiste a desligarse de la óptica habitual y en la aparición de nuevas, entonces hay que afirmar que la creación artística sólo puede ser psicótica y que nunca lo es lo bastante “
El arte siempre estuvo relacionado con el tema de la locura, los mismos pintores la han representado :
-El Bosco lo pintó en uno de sus cuadros: “La piedra de la locura” y Jan Sanders van Remesen en su “La extracción de la piedra”.










- Salvador Dalí : “La única diferencia entre yo y un loco es que yo no estoy loco”

-Paul Klee en una carta cuyo texto está expuesto en el museo de Lausana:
“Los señores médicos opinan que en el fondo mis pinturas son obra de un enfermo. Conoce usted seguramente el excelente libro de Prinzhorn (psiquiatra de Heidelberg. Uno de los primeros coleccionistas de otras plásticas realizadas por enfermos mentales) Actividad plástica de los enfermos mentales. Mire esos temas religiosos, con una profundidad y una fuerza de expresión que yo no alcanzaré nunca. Un arte verdaderamente sublime. Una visión puramente espiritual. ¿Quiere ello decir que voy camino del psiquiátrico? Dejando aparte el hecho de que el mundo entero sea un manicomio “

-Vojislav Jakic, en uno de sus dibujos puso la siguiente inscripción: “Esto no es un dibujo sino una sedimentación de dolor"

-Paul Cheval, autor de El Palacio ideal 1912, hablaba así de sus vecinos: “La opinión que se tenía de mí era la de un pobre loco que llena de piedras su jardín. Se daba por sentado que mi obra era el efecto de una imaginación enferma. Se reían, me criticaban, me cubrían de reproches, pero como este tipo de alienación no era contagioso ni peligroso, no creyeron necesario buscar a un psiquiatra y pude así dedicarme a mi pasión en total libertad pese a todo, sin escuchar los chismes de la gente, pues sabía que desde siempre se persigue a los hombres que no se comprende”

- Foucault aseveraba que el arte empuja la locura a sus límites sin cesar. Una locura creativa, metódica y apasionada. Al mismo tiempo el arte conforma la mejor terapia, tanto para el espectador como para sus creadores, cuando nos asomamos a la calle y sentimos que el aire está viciado de una locura cotidiana y sin sentido que muchas veces nos rebasa.
La interrelación del arte y lo locura es bastante estrecha. Además entre la genialidad y la locura hay una frágil y delgada frontera.. Hoy la locura del mercado organiza la piñata estética y una obra de arte tiene valor no por su contenido, sino por su cotización en el emporio artístico.


- El mundo que plasmaron los expresionistas en sus telas poseía un componente psicopatológico y como escribió el psiquiatra Pedro Téllez Carrasco, el expresionismo fue un esfuerzo para reportar por medios plásticos, no el mundo exterior, la realidad, sino el mundo interior de artista.

Si bien los perfiles de estas personas presentan trazos comunes de marginalidad, pobreza, reclusión e incomprensión, es necesario acabar con el mito del artista atormentado o genial. El loco no se hace. Al loco lo hacen. Y es precisamente en el intento de conservar una mínima integridad donde surge la expresión artística, como un sistema de comunicación críptica que sólo el autor puede descifrar, siendo por lo tanto el único receptor del mensaje. El artista Ted Gordonlo refleja muy bien al decir:

“Yo dibujo siempre con ansiedad y bajo tensión. Meto mis accesos de cólera sobre el papel en vez de dirigirme contra la gente”

El tema de la relación entre el artista o los individuos creadores y la locura ha
sido siempre polémico y continúa siéndolo. A pesar de la abundante investigación,
no parece que se haya llegado a ninguna solución definitiva acerca del carácter real
o mítico de esa vinculación.

¿Son los artistas sujetos psíquicamente desequilibrados o son los enfermos mentales artistas incomprendidos? ¿Es el arte un remedio terapéutico? O por el contrario ¿mejora la expresión artística en una posición asocial y obsesiva?
¿Es acaso la expresión plástica, el instrumento necesario para galvanizar pulsiones latentes reprimidas por un contexto social poco favorable a su libre manifestación?

Voy a citar un artículo del Dr. David de Prado
“Los artistas son muy celosos del singular sello personal o toque de estilo que reflejen, rebelen su mundo interior o su visión y misión plástica particular, al tiempo que plasman los problemas del mundo que consciente o inconscientemente les afectan y en los que se vuelca su preocupación y su ocupación artística.
Son numerosas las preguntas sobre locura, arte y creatividad. Solo enuncio algunas, que en este artículo tienen unos apuntes de flujo de pensamiento a favor del valor terapéutico del arte , sobre todo si es creativo, expresivo e integral. Es decir si el artista no es solo pintor, si no poeta, escultor, crítico, fabulador, científico analista de las situaciones, fotógrafo, actor protagonista imprecador...

• Los procesos creativos cognitivos y emotivos de los científicos o artistas, ¿tienen que ver con la locura?

• ¿Es la locura causa desencadenante de los procesos y acciones creativas en el mundo de las artes o de las ciencias?

• ¿Qué rasgos básicos del proceso creativo se pueden asociar y disociar de la locura?

• Más aún ¿pueden los procesos creativos contribuir a ayudar a mejorar la salud mental y emocional de los creadores, a ser más sanos, más conscientes y más humanos, en definitiva, menos locos e infelices?

• ¿Puede el arte creador integral ayudar a salir de la locura, a superarla en aquellas personas reconocidas como tales, que acabarían con el tiempo en un sanatorio siquiátrico? ¿Un ser humano puede estar loco las 24 horas del día?

• ¿No estamos todos locos, cuando soñamos despiertos o durmiendo delirantemente e imaginamos cosas insólitas, absurdas o imposibles como si fueran normales, lógicas y realizables, pues al menos mientras las soñamos estar ocurriendo como si fueran reales?

• ¿No es cierto que el soñar tiene un valor reparador, de descanso físico con la demora y equilibración psicológica merced al alivio de las angustias, de los problemas, de las penas y las frustraciones de la vida diaria, que en el sueño se subliman, realizándolas según el gusto, las necesidades y los ideales del soñador creador? El sueño es liberador, incluso en las pesadillas angustiosas, aunque estas resulten muy agotadoras e impidan el descanso reparador del sueno.
Para mí la creatividad es un antídoto o medicina radical para no volverse loco. Es más, la mayor causa de la locura de la humanidad radica en matar el germen, la esencia creadora del ser humano a través de los sistemas educativos de conformación, memorización, adaptación pasiva, muerte de la iniciativa, del deseo y del proyecto individual de vida en cada momento, en cada etapa y clase de estudios.

Esta es la mayor locura: asesinar lo que es más auténtico, más real, más propio en todo ser humano, su potencial creador, innovador, inventivo, que lo distingue del animal y que le hace acreedor a ser una persona libre y autónoma con su sello peculiar de identidad. La dinámica expresiva y creativa hace a cada uno un ser único e irrepetible, un ser original y originario, distinto de todos los demás.

Mientras los sistemas de educación preferentemente informativa y conformadora que condicionan poderosamente la naturaleza de cada personalidad durante la mayor parte de la vida del estudiante desde los 3 a los 18 años, operando de modo continuado durante un gran número de horas al día, la mayor parte de los días y los años de la vida escolar, acaban anulando el sentido de la diversión liberadora y divergencia individualizadora, de la diversidad e identidad creadora del ser humano que acaba esclavizándose, sometido a las normas sociales impuestas, amoldándose y sometiéndose a unas normas externas, a unos usos ajenos a él mismo, a los patrones y hábitos preestablecidos que hay que obedecer y reproducir, sin salirse de los caminos trillados, sin ir más allá de los límites prefijados. Es la muerte del instinto de Eros re-creativo que procura como fin y como método el arte la creatividad expresiva, instintiva, liberadora y placentera: explorar lo desconocido, avanzar por caminos nuevos, transgredir los límites de lo sabido o impuesto, dando un paso más allá.

Todo trabajo integrado e integral de creatividad total, abarca el mayor número de procesos y actividades creativas, que implican a todo el sujeto en todas sus facetas, en todas sus capacidades, en todas sus ilusiones, manifestaciones e intereses. La creatividad integral es una actividad salutífera y liberadora, fértil y fertilizadora, reproductiva, productiva y recreadora, en definitiva, productora de felicidad y de producción de bienes materiales, culturales y espirituales.

La creatividad integral así entendida llevará a la felicidad y a la autorrealización de lo que constituye la esencia del ser humano: el ansia de culminación, de perfección, de iluminación, de comprensión, de verdad, de transparencia, de armonía, de belleza, de bondad y de paz

La creatividad total, aquella que no es parcial, integra a todo el ser y lo armoniza, no lo parte, lo deshace o divide y distorsiona. Lo ayuda a reconocerse y recrearse a sí mismo en sus miserias y carencias superables, pues en cuanto se expresan y representan nos permiten liberarnos de ellas, al menos en parte, siempre que emprendamos unas acciones renovadoras que nos hacen transformables y perfectibles en proceso continuo de mejora y crecimiento. Mediante la acción creativa las miserias y pequeñeces se convierten en grandezas y ennoblecimiento. En todo acto de verdadera creatividad se experimenta un sentido trascendente del ideal y la utopía, de la belleza y de la bondad, de la generosidad y del equilibrio, de la unidad y la autenticidad.

En toda obra de arte verdadera y auténtica se desvelan y construyen nuevas ideas y alternativas, se generan propuestas y productos esencialmente generosos, que están ahí para el beneficio, disfrute y goce de quienes la contemplan o la usan. Se trate de la invención de la penicilina de Fleming o del láser, o de la primavera de Stravinsky y del Guernica de Picasso o de la teoría de la relatividad de Einstein, o del Romancero Gitano de García Lorca o de la novela del Quijote, la obra o producto creador está siempre al servicio, al disfrute y gozo, al beneficio de la humanidad, aunque el creador, el artista, el investigador y el ingeniero no se lo propusieran explícitamente.

Pero toda obra de creación intenta dar una nueva visión unitaria y transformadora de lo existente, llegando a una nueva idea o teoría o modelo de entender la realidad, a un nuevo método, a un nuevo instrumento, que convierten en mentiras y errores, inútiles e inservibles las visiones y modelos, los métodos, los objetos y los instrumentos anteriores. El bolígrafo acabó con la pluma y el tintero en pocos años. Todo acto de creación es un acto de destrucción, según Picasso, pensamiento válido en todas las esferas del quehacer humano”


Cito a Julio Romero en “Arte,Individuo y Sociedad”:

“CREATIVIDAD Y LOCURA
En primer lugar, las mismas concepciones de creatividad y de locura se
solapan en parte. No es extraño que ello ocurra puesto que la locura, entendida
en un sentido amplio, implica un estado más allá o aparte de la razón,
algo siempre diferente a lo conocido, algo siempre enigmático; y la creatividad
supone, por definición, avanzar hacia terrenos nunca pisados anteriormente,
adentrarse en lo desconocido, explorar lo nuevo, huir de lo establecido
e incluso cuestionarIo. Ese hoyar territorios que escapan a lo habitual y
que quedan fuera del alcance del conocimiento presente o que parecen esquivos
a la razón o a la lógica es común a los dos conceptos. Con ello no se está
diciendo que ambos, creatividad y locura, sean iguales, que representen la
misma cosa; por el contrario, existen marcadas diferencias. Pero junto a ellas,
parece detectarse fácilmente esa parcela común: no son iguales, pero no son
del todo diferentes. Desde, por un lado, las antiguas ideas griegas sobre la
inspiración del poeta como resultado de una influencia sobrenatural más allá
de lo humano a, por otro, las modernas ideas sobre el pensamiento del creador,
desenvolviéndose en ausencia de crítica o de lógica, el solapamiento parcial
entre creatividad y locura es patente. No es extraño que se haya visto una
y otra vez al artista como un individuo afectado por alguna forma de anormalidad
o con tendencia a ello, independientemente de que ello sea cierto o
no en la realidad, cuando los propios conceptos de creatividad y de locura, los
conceptos con los que se maneja esa realidad y desde los que se la observa,
parece que muestran alguna parcela común o muy próxima.
Ello queda de manifiesto, además, en los modernos criterios para el diagnóstico
psiquiátrico de ciertas alteraciones leves, que muestran claros puntos
de contacto, de difuminación de las barreras, entre creatividad y psicopatología”
“ARTE Y LOCURA
De la misma manera que los conceptos de creatividad y de locura no
están del todo diferenciados, los conceptos de arte y locura pueden presentar
zonas de contacto y superposición similares. No hay un único concepto de
arte ni ha habido una única forma de entenderlo en todas las épocas y circunstancias
sociales y culturales; pero algunas de esas formas presentan cierta
familiaridad con elementos componentes del concepto de locura, especialmente
en su sentido amplio. Por ejemplo, cuando se entiende que el arte es
fundamentalmente expresión del mundo emocional del artista; o cuando se
considera que en el arte se trasciende la razón y la lógica, se superan las leyes
del lenguaje y se pone en marcha incluso un modo de percepción diferente al
habitual; o cuando se ve el arte como manifestación del inconsciente, sin
mediación alguna por el consciente o la cultura; o cuando se entiende que es
pura espontaneidad, sin modulación ninguna por el aprendizaje, la razón o las
reglas; o cuando se considera que implica la producción de algo que sobrepasa
las capacidades humanas normales o que impacta de manera igualmente
desmedida al espectador.
Todas esas formas de considerar el arte o el proceso artístico, entre otras,
implican una familiaridad, al menos, con aspectos que tienen también que ver
con la locura en su sentido más amplio: parecen aludir siempre a algo que no
es posible aprehender completamente por la razón y que escapa a su área de
influencia. Ello trae consigo una cierta dificultad de diferenciar en ocasiones
entre ambos ámbitos de manera perfectamente nítida. El posible solapamiento
en ciertos casos puede llevar a entender como de alguna manera patológicos,
anormales, irracionales o excéntricos aspectos que no son más que resultado
lógico y coherente de una forma concreta de entender el arte. Esto vale
especialmente para algunos momentos como la crisis del Renacimiento,
como el periodo romántico o como muchas manifestaciones del arte del siglo
XX, en que la entronización de la individualidad, de la subjetividad, la exploración
de nuevos territorios para el arte y de ámbitos opuestos o más allá de
la razón ha sido una señal distintiva.”
“PATOLOGÍA Y NORMALIDAD
Siguiendo en esa línea de delimitaciones y contaminaciones conceptuales,
la pregunta por el artista y su locura, implica responder a la pregunta de si
hay una línea que separa la patología de la normalidad. No parece clara la
existencia de esa frontera. La tendencia última es a considerar el recorrido
entre normalidad y patología como un continuo (p. ej. Millon y Davis 1998).
Si se hace así, no ya el artista, sino el ser humano en general se sitúa a lo largo
de su existencia en numerosos puntos dentro de ese continuo. Por lo tanto,
en cierto modo la locura es una característica o un componente más del
ser humano. Ni la normalidad excluye totalmente la patología ni lo patológico
es una condición pura y constante. La anormalidad o los rasgos psicopatológicos
característicos tradicionalmente del artista no serían algo exclusivo,
de lo que no participaría el resto de la población, ni serían algo que le diferenciaría
de un hipotético individuo normal, porque en tal individuo normal
también aparecerán esos rasgos de alguna manera y en algún grado. La diferencia
de los artistas respecto a los individuos no artistas es la especial atención
que recibe en ellos esa anormalidad, así como la especial significación
y utilidad dentro del contexto coi-Tespondiente.
Sin embargo, hay que precisar que en los polos de ese continuo, donde
eso que venimos denominando locura en un sentido muy amplio adquiere la
forma de alienación extrema, donde el individuo se ve mermado en sus capacidades,
pierde el control de sí mismo y de su actividad, no parece que pueda
hallarse la base ni la fuente de la capacidad y logro creadores. Muy al contrario,
como advierte M. Romo:
«lo que demuestra la evidencia es que en las crisis psicóticas los
artistas dejan de ser creativos y en las fases de regresión más profunda
no hacen sino garabatos descoordinados» (Romo 1999: 11).”
“Hay que tener presente que la enfermedad mental de carácter grave, o los
momentos de crisis extrema en un proceso psicopatológico, parecen ser un
bloqueo, un obstáculo, una dificultad para la creación más que algo que la
facilite y potencie. Sobre este particular parece existir un acuerdo bastante
general:
«Entonces el pintor deja de pintar, el músico de componer, el
poeta de escribir, el sabio de pensar, el profeta de hablar [..] la alienación
mental, [] la de la demencia y los accesos violentos, la de
la exaltación y la sinrazón, la mirada extraviada, ofrascada, alelada,
esa no permite ningún tipo de creación» (Brenot 1995: 180).
Pero, alejándonos de esos ámbitos extremos y dentro de un continuo entre
normalidad y patología, concebidas sin una separación nítida ni una mutua
exclusión entre ambas, no resulta del todo fácil rechazar la relación del artista
con la locura, por falsa, ni aceptarla como verdadera. En el individuo normal,
el que no es artista ni creador en este caso, la normalidad no está exenta
de locura, y viceversa. En el artista no son las cosas muy diferentes. Lo que
sí es distinto es que para el artista existe un modelo cultural y un contexto en
el que ese componente ambiguo tiene sentido y que su propio trabajo puede
implicar cierta familiaridad con los límites y su forzamiento. Parece que en
ese entorno no demasiado definido encaja fácilmente esa imagen cultural del
artista situado en un terreno fronterizo, entre la salud y la enfermedad, sujeto
a la tensión de fuerzas opuestas y a la inestabilidad de los cambios, sujeto
a tensiones contradictorias. Si la locura se entiende como algo no del todo
apartado, alienado, de la normalidad, y ésta viene a convertirse en algo que
tampoco está exento de locura, en ese territorio intermedio parece que hay
lugar para encajar la imagen tradicional del creador, habitando una frontera
peligrosa por su mismo carácter liminar.”

Me pareció importante citar este texto, ya que describe muy bien el tema, y deja en claro esa eterna duda que hay entre el arte y la locura.
El hecho de que una persona CREE una obra, es la comprobación de que tan loca no está. Un loco destrozaría su obra. Un loco no se expresaría para articular el caos, el desorden interno.
Lito Cruz dice: “En la vida real no lo puedo hacer, no puedo expresar al límite de lo posible mi violencia porque el otro no es responsable de mi ira contenida. El arte aparece, como una posibilidad de articular aquellas cosas que la vida no me ha permitido ni me va a permitir hacer porque vivimos en sociedad, no puedo hacer lo que quiera porque el respeto al otro es fundamental. Mi locura termina cuando empieza el otro. Si voy más allá, estoy fuera de las convenciones, de las normas y entonces me nombran loco. La locura tiene que ver cuando uno utilizó en la vida real códigos que no están, en ese momento, dentro de los códigos sociales con los cuales convivimos.

El arte no tiene los códigos de la vida, de la convivencia, por eso no estaríamos tan lejos si decimos que de alguna manera, el arte articula la locura entre otras cosas.

La persona frente a una iglesia, se arrodilla, etc... para invocar a Dios, para que su ser encuentre algo espiritual, y después se siente bien porque hizo la escena de hablar con Dios. Se necesita el ritual, la reacción para que el mundo interior se manifieste en el exterior.”

Ese ritual que el artista necesita es el comunicarse, el expresarse, a través de los distintos lenguajes artísticos. Y si está al limite, como decía Julio Romero, quizás el expresarse lo salve de caer hacia el otro lado, con toda su ira, con su decepción, con su tristeza, con su soledad que lo hiere, con ese inmenso deseo de DECIR y ser escuchado y entendido, y de esa forma siga en una búsqueda infinita de algo mas, en el limite entre lo convencional y la locura. Siendo, vulgarmente, un poco cuerdo y un poco loco, pero siempre único y dichoso de serlo, más allá del dolor de no sentirse nunca totalmente comprendido.


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